Marcha de trabajadores de la Represa Hidroelectrica de Piedra del Aguila/40 años.
Existe un grupo importante de
profes de historia de la región la mayoría de ellos y ellas egresados de
FAHU-UNCo que trabajan en los distintos niveles del sistema educativo, obviamente
formados en esta facultad y Universidad pública en la postdictadura que
empezamos a pensar la historia reciente de la región como un campo académico para
problematizar, investigar y narrar. Pensar una cronología para esta historia
reciente quizás no está del todo sistematizada ni establecida, aunque hay fechas,
acontecimientos y procesos que nos obliga a realizar paradas, sobre todo si nos
detenemos en un objeto-sujeto de estudio como lo es “los trabajadores y
trabajadoras”, en la región. Hay una vacancia, una necesidad, y se trabajando
desde equipos de investigación, así como desde el trabajo áulico en las
escuelas secundarias y terciarios formadores de futuros trabajadores de la educación,
pensando a la historia como algo performático y experimental, y hacer historia
de un pasado que permanece abierto.
La provincia de Neuquén (Aluvional) se ha
caracterizado por ser una sociedad intensa, movilizada con una multiplicidad de
actores sociales protagonistas de la política en las calles, en los ámbitos de
trabajo tras la recuperación de la democracia en los años 80, acontecimientos
y procesos que alimentaron una cultura política de la protesta que persiste
aunque tenuemente por estos días. Volviendo a los 80 urge mencionar y
destacar actores y colectivos, generadores e impulsores de esa cultura de la
protesta neuquina; estos fueron vecinalista, organizaciones barriales y
gremiales, donde la comunidad chilena tuvo un papel destacadísimo. También, partidos
de izquierda y tradicionales, la iglesia católica tercermundista con el obispo
De Nevares como figura descollante, organizaciones de DDHH como Madres, APDH, y
una reemergencia del pueblo Nación-Mapuche tras 100 años de clandestinidad como
pueblo y cultura que padeció un genocidio, lo que explica en Neuquén una genealogía
original e inédita.
Las huelgas que ocurrieron mientras
se construía la represa de El Chocón a fines de 1969 e inicios del año 1970
como otras tantas luchas protagonizadas por el movimiento obrero la podemos
inscribir, como una lucha que reclamaba entre otras aumento salarial y mejoras
en las condiciones laborales. Se la recuerda no solo por su importancia sino
además por su ejemplo y mística. Y recordar es también una manera de aprender:
que cada derecho, cada conquista social, cada avance de la libertad tiene tras
de sí una larga tradición de lucha; que son las derrotas, los fracasos, las
frustraciones del pasado los abonos ineludibles de los cambios por venir. En la
pequeña aldea que sigue siendo Neuquén a inicios del 70, el choconazo hito simbólico
fundacional del movimiento obrero clasista para la region. Y a Antonio Alac, Adán Torres, los
Hermanos Wilson y Armando Olivares, Pascual Rodríguez y a los miles de obreros
más o menos anónimos que fueron parte de esas históricas huelgas, se los
recuerda no por su victoria, sino porque su causa era justa … y porque se
animaron. Y recordaremos a Jaime de Nevares, Sara Garodnik, Ana Urrutia y
tantos otros, porque se pusieron de parte de los trabajadores cuando las papas
quemaban. Concretamente, las huelgas de El Chocón fueron el inicio de la
colaboración y el apoyo de otros sectores sociales (estudiantes, docentes,
etc.) a los obreros en lucha. Y, los obreros choconeros crearían el hito
indiscutible del sindicalismo clasista en la Patagonia.
Hace 40 años, en abril de 1986
y en los albores de la recuperación democrática, miles de trabajadores que
construían la represa de Piedra del Águila decidieron, mediante asambleas, ir a
la huelga. El reclamo central exigía mejoras salariales —específicamente el
pago del ítem por "zona desfavorable"— y denunciaba las pésimas
condiciones de higiene y de trabajo. En aquel entonces, entre la
"villa" levantada dentro de la obra y la localidad, residían
aproximadamente 3.000 obreros. Muchos de ellos habían llegado desde distintas
provincias del país, sumados a una fuerte presencia de trabajadores chilenos
que se instalaron junto a sus familias.
La lucha contra la patronal
(integrada por las empresas (UCASA e HIDRONOR) comenzó con un paro de 48 horas.
Poco después, el 21 de abril por la mañana, alrededor de 1.200 trabajadores
iniciaron una histórica travesía a pie hacia la ciudad de Neuquén. Recorrieron
entre 220 y 230 kilómetros por la Ruta 237, soportando las inhóspitas
condiciones climáticas típicas del otoño patagónico y realizando paradas en
localidades intermedias como Picún Leufú, El Chocón y Senillosa. Durante el
trayecto, la marcha de los “Borceguíes, cascos y dignidad”
se sostuvo a base de movilizaciones, asambleas y debates constantes. En
estos espacios de discusión tomaban la palabra no solo los obreros, sino también
integrantes de la Iglesia y otros actores sociales que se acercaban a brindar
apoyo. La marcha sufrió una fractura a raíz de una "falsa" propuesta
presentada por el dirigente Gerardo Martínez (UOCRA). Pese a la división, el
sector de los trabajadores que rechazó el acuerdo continuó movilizado para
hacer su arribo el 29 de abril, ingresaron por la avenida principal de la
capital provincial, culminando de este modo esta épica gesta frente a la catedral de
Neuquén. Como tantas otras veces, la burocracia sindical de la UOCRA consiguió
cierta “paz social” impulsando la aceptación de una propuesta insuficiente y que
no cumplía con las expectativas originales de la huelga.
A 40 años de la inmensa marcha por la ruta 237 denominada “Borceguíes, cascos y dignidad”, es posible pensar que la misma marcó a fondo los vínculos entre la cultura obrera que anidaba en la represa de Piedra del Águila y las prácticas sindicales clasistas impulsadas desde algunos agrupamientos de izquierda con fuerte presencia y protagonismo dentro de las organizaciones sindicales en confrontación contra la burocracia sindical de entonces. De ese sincretismo se desprendieron múltiples formas de organización, resistencia y lucha que, fueron apropiadas en otros contextos dentro de la misma provincia de Neuquén, posibilitando la emergencia de dispositivos horizontales de solidaridad obrera y clasista, sobre todo en los 90 a propósito de las políticas privatizadoras que impulsó el menemismo sobre todo vinculado a la explotación petrolera, que dejó a miles y miles de trabajadores sin sus fuentes de trabajo, motivando que en los años 96 y 97 se produjeran dos históricas puebladas en las localidades de Plaza Huincul y Cutral Có.


