GABO FERRO

GABO FERRO
El músico, historiador, poeta nació un 6 de noviembre del año 1965. Vale recordar que en octubre del año 2020 Gabo falleció a los 54 años, a raíz de una enfermedad terminal.
🎙 noviembre de 1965 en Mataderos.
💬 “Si no digo nada y si no lo digo como siento tiene que sonar, no tengo nada. Y eso me hace pensar en el peso de la literatura. Como lo entendían aquellos viejos juglares o trovadores, que iban y decían lo que había pasado en la batalla. Una especie de cronista del más allá. Mis discos son urgentes y son discos, nada más. La belleza canónica espanta lo que quiero decir. Entonces necesito detritus, mugre, silencios, ruido”, señaló en alguna entrevista Gabo Ferro.
💬 “Su cuerpo tenía algo elástico, de bailarín y de fauno, la barba y el pelo en los brazos, los ojos oscuros y filosos, de párpados pesados, la sonrisa gigantesca: un animal mitológico, sexual y antiguo. Así se lo veía en el escenario, a pesar de que estaba solo con su guitarra y su voz tan difícil de definir, porque parecía virtuosa pero no había sido educada, porque era andrógina, porque podía ser muy dulce pero también de una ferocidad temible. Gabo cantaba como un joven dios”, escribió Mariana Enríquez en su obituario, unos días después de su muerte, el 8 de octubre de 2020, a los 54 años de edad.
💬 “¿Quién fue ese músico, historiador y poeta, suerte de performer punk con aromas de folclore? ¿Quién era el que navegaba con parada rockera entre Antonin Artaud, el teatro de la crueldad, Juan Manuel de Rosas, los vampiros y Leonardo Favio? ¿Cómo habrá sido eso de permanecer y querer ser un secreto? Militante de ciertas causas justas, documentalista de su época. ¿Quién fue Gabo Ferro?...se lee en la contratapa del libro escrito por los periodistas Lalo Ugarte y Sergio Sánchez, en el libro Un tornado dulce.
💬 Gabo fue investigador y docente, escritor y músico, actor y cantante, un artista absoluto. Pero, por sobre todo, fue una luz que conmueve sin ser vista: lo que amasa su obra (sus canciones, su trayectoria vital, los móviles de sus investigaciones, el recorte antológico, sus poemas, su modo de estar en el mundo) es la lucidez profunda de entender el dolor y el amor en mirada conjunta: todas las cosas que no tienen nombre fueron en él nombradas, sí. Todos aquellos identitemas que no encuentran aún el modo pleno de ser siquiera entrevistos en esta sociedad supieron alojarse en su profundo entendimiento del cuerpo en el mundo. Y así mismo se fue, dejando un continente de enunciaciones que iremos habitando de manera futura. Nuestro más bello monstruo, nuestro anfibio perfecto y todo el perfume de su sangre siguen componiendo un alfabeto con la caligrafía de la ausencia. La más bella mariposa aguarda agazapada entre palabras el tiempo del reencuentro de la sed y del agua, señala Lali Destéfanis.



 


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