Día de la lengua materna: más allá de la efeméride y de la lengua.


 Día de la lengua materna: más allá de la efeméride y de la lengua

Como buena parte de las efemérides, el Día de la lengua materna conmemora un gesto de resistencia, que —como a nadie sorprende— fue coronado por una represión, que —como tampoco a nadie sorprende— desencadenó protestas aún más masivas. En este guion, el opresor fue la clase gobernante que, a pesar de arrogarse la representación de todo un pueblo, legislaba para un sector. El oprimido… sí, el de siempre, esa parte del pueblo que no solo no tiene lugar en la mesa, sino que ni siquiera se entera de que hay comida. Ahora sí, habiendo presentado esta estructura argumentativa que no deja de replicarse, vamos a las particularidades. Pakistán, declaración del urdu como lengua oficial junto al inglés. Lenguas no oficiales: el bengalí (y otras). 21 de febrero de 1948: un grupo de estudiantes es reprimido cuando reclaman por la oficialización del bengalí.

¿Qué implica que una lengua se declare como oficial de un país? Significa que esta será la lengua utilizada en las instituciones educativas y en la administración pública. Habrá quienes defiendan las ventajas prácticas de que sea una y solo una la lengua oficial en las fronteras imaginarias de los estados-nacionales. Sin embargo, esto que se presenta como una ventaja conlleva una enorme desigualdad garantizada y legitimada desde el poder político: quien es hablante nativo de la lengua oficial parte con una ventaja descomunal con respecto a quienes tienen otra lengua materna. Estos últimos no solo se enfrentan al desafío de comprender y aprender la información que se transmite oficialmente y que, por tanto, moldea la convivencia al interior de una frontera, sino que, en primer lugar, deben intentar entender el código en el que esa información se transmite. 

Un gesto como definir entre las lenguas habladas en un espacio territorial una que sea la oficial tiene consecuencias nefastas para gran parte de la población. Y esta historia particular que tuvo lugar en Pakistán refleja que hubo quienes comprendieron las implicancias de este gesto y salieron a luchar. Muchos años después, en 1999, la UNESCO acepta recordar estos eventos proclamando el 21 de febrero como Día internacional de la lengua materna. Y aquí estamos.

¿A qué se llama lengua materna? La lengua materna es la primera lengua que las personas adquirimos de manera espontánea —es decir, sin ningún tipo de instrucción—, por el solo hecho de haber nacido en un entorno lingüístico particular. Según cuáles sean las experiencias de vida, esa lengua convivirá con otras: algunas muy distintas, otras más parecidas… Y si bien esa naturalidad con la que emerge una lengua en cada hablante —sin distinción de clase, credo ni posición económica— es inalterable, hay una pugna permanente por romper ese —llamémosle— guiño de igualdad que nos viene dado como homo sapiens.

Este hecho natural de adquirir nuestra lengua materna es el que nos permitirá luego otros desarrollos lingüísticos, como incorporar frases, palabras y estructuras que no estaban presentes en el entorno lingüístico original. Es esto mismo lo que posibilitará la adquisición de otras lenguas, ya sea de manera natural porque forman parte de un entorno cercano, ya sea por medio de la enseñanza formal, a través de los recursos disponibles.

¿Qué quiere decir “de manera natural”? Quiere decir que el simple hecho de estar expuestos a otras lenguas y variedades e interactuar con sus hablantes nutrirá sin ningún costo extra nuestro acervo lingüístico. Por ejemplo, en una comunidad en la que conviven hablantes de español como lengua materna y hablantes de mapuzugun como lengua materna, si ambas lenguas tienen la misma (o al menos, similar) presencia en el ámbito público, es casi inevitable que tenga lugar la incorporación del mapuzugun en los hablantes de español y viceversa.

Si volvemos a la efeméride que origina esas reflexiones, podemos entender que lo que motivó las protestas en Pakistán fue la anulación de esto que nombré como “presencia en el ámbito público” de las lenguas que no fueron declaradas como oficiales. Porque el estatus diferenciado de una lengua o variedad por encima de las demás posiciona a todos aquellos grupos humanos cuya lengua materna es otra en un lugar marginal. Es decir, todas las personas que son parte de ese estado-nación están obligadas a incorporar la lengua oficial —por las buenas o por las malas—, pero la adquisición de cualquiera de las otras lenguas no tiene valor social en esa comunidad.

La oficialización es una decisión estatal que, si bien no cambia automáticamente la situación real de las lenguas que conviven en un espacio territorial, sí contribuye de manera decisiva a generar las condiciones simbólicas que favorecen el desarrollo de las lenguas oficializadas. A esto me refiero cuando hablo de “valor social”. Porque el valor lingüístico, los beneficios cognitivos y la importancia de los hablantes es incuestionable, sea la lengua o variedad que sea.

El colonialismo lingüístico y las alternativas. La imposición de una lengua y, posteriormente, de una variedad de esa lengua va en detrimento de cualquier tipo de diversidad lingüística y deja a los hablantes cuya lengua materna es otra o bien en posición de marginalidad o bien a la espera de que sean los beneficios de clase los que les faciliten el acceso a los medios para incorporar la lengua impuesta. Pertenencia por origen, pertenencia por contar con los medios o marginalidad.

Y nunca faltan los académicos que, apelando al sentido común, dibujan argumentos sin ningún sustento científico, con los que defienden, legitiman y naturalizan esta desigualdad impuesta. Las academias de las lenguas, por ejemplo, juegan a determinar cuáles de las manifestaciones lingüísticas de los hablantes merecen ser recogidas en sus gramáticas y manuales del “buen decir” y cuáles se recomienda “rechazar o evitar”. Y cuando se animan al gesto de conceder que los hablantes usan una determinada expresión, aparecen académicos con el corazón destrozado planteando que los “escritores solventes” son los que poseen la autoridad intelectual para “trabajar la lengua y proyectarla al futuro”. Y así, se naturaliza la opresión sobre lenguas y variedades.

¿Cuáles son las consecuencias de la opresión lingüística? Hagamos zoom en este espacio territorial en el que la lengua oficial es el español y el avasallamiento del estado-nación argentino (y el chileno) ha llevado a la minorización del mapuzugun (y, obviamente, de otras lenguas, pero hablaré del caso que conozco mejor). Diferentes políticas que van de la mano de la declaración del español como lengua oficial (prohibición del mapuzugun en espacios públicos, castigos a sus hablantes en las instituciones educativas y un largo y deplorable etcétera) llevaron a que el mapuzugun, en muy poco tiempo, se convirtiera en una lengua minorizada: es lengua materna de gente mayor que, en muchísimos casos, se vio obligada a dejar de transmitirla como lengua materna a las generaciones siguientes. La pérdida de la transmisión generacional es un punto de quiebre para cualquier lengua.

¿Es posible hacer algo? Cuando estamos ante una lengua minorizada, la mera oficialización no es suficiente y se tornan necesarias acciones a corto, mediano y largo plazo. Con respecto al mapuzugun, hay un enorme trabajo colaborativo —en general, al margen de decisiones estatales nulas o improductivas— para intentar revertir esta situación con la planificación de diversas acciones. En este marco, una propuesta que va apareciendo cada vez con más fuerza es la posibilidad del uso de las llamadas “inteligencias artificiales” (IA) para elaborar recursos digitales que faciliten el aprendizaje del mapuzugun a quien desee aprenderlo (tal como ya se ha hecho para lenguas no minorizadas).

Sin embargo, la situación del mapuzugun no es ajena a la situación de sus hablantes y de quienes deberían hablarla si no se hubiera interrumpido brutalmente su transmisión como lengua materna. La persecución y avasallamiento no es hacia la lengua como algo aislado, sino hacia ese grupo humano que la habla o la hablaba. Y quienes aún la pueden transmitir, los fütake che, siguen siendo estigmatizados y expulsados de sus tierras. ¿Qué aplicación hecha con IA para aprender mapuzugun atiende ese abandono, esa opresión, esas soledades? Puede ser, sí, que una cosa no quite la otra. Sin embargo, pienso que algunas soluciones se siguen abordando desde la lógica de un sistema que lleva a que pongamos energías en desarrollos tecnológicos que refuerzan lo individual y descartemos como gesto de resistencia el sentarnos, alrededor de un fuego, a escuchar lo que tienen para decir nuestros mayores en su lengua materna.


María Mare

UNComahue/CONICET


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