“Pueblos indígenas, reconocimientos, avances y deudas pendientes (1940-2024)”

 


A MODO DE PRESENTACIÓN

Sofía Varisco, Esteban Ariel Padin, Sebastián Valverde, Cecilia Picciotto, Natividad Farriol y Helios Alejandro Viola 

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El presente libro lleva por título: “Pueblos indígenas, reconocimientos, avances y deudas pendientes (1940-2024)” y se propone efectuar un recorrido histórico de los pueblos originarios de la Argentina en el periodo de la segunda mitad del Siglo XX hasta la actualidad. Cabe destacar que este escrito es uno de los productos finales del proyecto de extensión de la UBA -UBANEX- 14va convocatoria que lleva por título “Indígenas entre el territorio y la ciudad: visibilización e implementación de políticas públicas en salud, alimentación y educación intercultural”.

Esto se debe a que uno de los objetivos fundamentales del proyecto es dar cuenta de la presencia indígena en nuestro país en diferentes períodos y, a la vez, contribuir a subsanar la falta de información mediante materiales accesibles para un público más amplio que el académico. Por ello, buscamos que este material sea de fácil lectura para un vasto público y que sirva de soporte tanto para ámbitos educativos como para espacios dedicados a la implementación de políticas públicas.

Paralelamente, este libro también constituye un resultado del Proyecto de Investigación Plurianual del CONICET (convocatoria 2021-2023)3 y del proyecto de la UBA (programación UBACYT 2023-2025)4. Ambos radicados en la Sección Antropología Social, Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras - UBA.

 El periodo comprendido es el que –retomando la cronología propuesta por Ana Gorosito Kramer (2008)– se inicia en el año 1945 a partir del reconocimiento oficial de la existencia de poblaciones indígenas en Argentina, al incorporarse nuestro país como Estado miembro al Instituto Indigenista Interamericano (III)5. Siguiendo lo planteado por esta autora, en esta etapa reaparece un lenguaje que se caracteriza por la apelación a los temas del desarrollo y la planificación. Claramente hay diferencias respecto de los años previos, pero también algunas similitudes:

Ya no se habla de la pacificación o de la evangelización de los indios, pero subsiste la idea de su distanciamiento respecto a la nacionalidad en la voz de orden del término ‘integración’ (...) la concepción dominante es la de atraer, vincular con el conjunto nacional, lo que permanece a la vez aislado y distinto. (2008: 52-53).

El presente libro está planteado como una segunda parte del que lleva por título “¿Los argentinos venimos de los barcos?” (en proceso) que abarca el periodo que va desde la llegada de los españoles a América –específicamente al actual territorio argentino- hasta el año 1940. Hemos efectuado esta división, que ante todo es arbitraria, con el fin de organizar el contenido para que la lectura sea más llevadera y, a su vez, analizar etapas que en ciertos aspectos resultan muy diferentes. Sin embargo, ambas obras convergen en un mismo objetivo que es dar cuenta de la presencia indígena, su organización y reclamos a lo largo de la historia.

 En la publicación anterior desarrollamos lo planteado por Mases (2010), por lo que aquí solo lo mencionaremos brevemente. En dicho texto, el autor sostiene que una de las operaciones simbólicas nodales en la construcción de la nacionalidad argentina ha sido la elaboración de un “gran relato” que implica la emergencia y consolidación de un país presuntamente blanco y una cultura pretendidamente europea. En todos los hitos de la conformación nacional, que además están presentes en la memoria colectiva ya que forman parte del “aprendizaje de la historia” en todos los niveles de escolarización, la participación indígena que efectivamente hubo “(…) ha sido absolutamente borrada, sistemáticamente silenciada” (Mases, 2010: 9). Como han señalado en un temprano y revelador trabajo Mandrini y Ortelli: “El indio no fue solo marginado económica, geográfica, social, política y culturalmente. También fue marginado de la historia y su memoria misma borrada, olvidada. La historia argentina es una historia sin indios” (1992:215).

Cabe destacar que, el Estado que se fue construyendo a partir de la independencia y se consolida en 1880, es el resultado de un vasto y complejo proceso que busca constituir una unidad política que se alcanzó a fines del siglo XIX, en la medida en que logró ejercer el monopolio de la violencia y estableció un centro de poder que reclamó obediencia a la totalidad de la población afincada en el territorio. Este desplazamiento fue

conocido como Estado Nación y surge como consecuencia del proceso de expansión del capitalismo que busca configurar una identidad nacional homogeneizadora imponiendo la lengua castellana como idioma oficial, símbolos, costumbres y tradiciones “argentinas” con el fin de organizar política, jurídica y militarmente a la nación.

En este sentido, la “generación del ´37” (Sarmiento y Alberdi) sentó las bases teóricas para que la “generación del ´80’(6) afiance el modelo conservador y profundamente discriminador sobre las mayorías, denominadas como “bárbaros” (gauchos, indígenas, afrodescendientes, etc.). De esta manera, se divulgó en tanto discurso gubernamental al Estado Nacional como la única instancia capaz de movilizar los recursos y crear las condiciones que permitieran superar el “desorden y el atraso” en el que la sociedad rioplatense se encontraba. Es decir que, la elite conservadora de 1880 construyó la identidad nacional en el marco de una gran disputa con los “otros”, “los bárbaros”, que -según estos discursos- carecían de los elementos constitutivos de un pueblo: una cultura, un destino y, sobre todo, un pasado común (Botana, 1977; Oszlak, 1982; Wasserman, 1997).

De este modo, el Estado argentino se conformó tras las campañas militares que expulsaron a los llamados “bárbaros” y dieron lugar a las instituciones modernas. Sin embargo, su formación estuvo marcada por la relación de conflicto y/o cooperación con los pueblos indígenas. El intento de denostar, estigmatizar y criminalizar cualquier intento de visibilizar la cultura de los pueblos originarios fue operado por diferentes sectores económicos, políticos y sociales desde finales del Siglo XIX (desde hace más de 150 años). Este plan sistemático incluyó el reasentamiento forzado de la población, el sometimiento, tortura, fusilamiento, separar a los padres y madres de sus hijos en escenas y trabajo esclavo (aún cuando la esclavitud había sido derogada formalmente hacia más de medio siglo). En definitiva, estamos hablando de la búsqueda del exterminio coronado por el genocidio de las campañas militares del Chaco y la Patagonia. Además de la violencia física llevaron a cabo una violencia simbólica, con un proceso de inferiorización al difundir un discurso social -cada vez más extendido- sobre la idea errónea de una nación “vacía” de indígenas.

A esto lo han caracterizado diferentes investigadores como “etnocidio”7. Se entiende como tal “(…) el acto de destrucción de una civilización, el acto de la descivilización” (Jaulin, 1979: 9-10). La presunta “desaparición” o “inexistencia” de los integrantes de los pueblos indígenas, se contradice con un sinfín de datos de la realidad. Ya que durante las primeras décadas del siglo XX se produjo un progresivo ingreso de integrantes de los pueblos indígenas a las economías regionales como mano de obra estacional (obtenida de las reservas o reducciones) o como pequeños productores rurales (Gordillo y Hirsch, 2010; Trinchero, 2009; Valverde y Radovich, 2025). En este sentido, es donde situamos las discusiones de las primeras décadas del Siglo XX sobre si los indígenas debían gozar de los mismos derechos que otros trabajadores porque existían como mano de obra proletarizada pero eran invisibles como sujetos de derecho. Como ejemplo, podemos pensar en las masacres de Napalpí y Rincón Bomba (región chaqueña), ocurridas en 1924 y 1947, en las cuales el Estado reprimió hasta generar la muerte de los trabajadores de las cosechas algodoneras e ingenios agroindustriales, por declararse en huelga, reclamar el pago por su trabajo y mejores condiciones de vida.

Como forma de incluir subordinadamente a esta población como parte de los circuitos económicos regionales y, a la vez, en un proceso de continuidad de estos despojos la presencia indígena fue negada por completo en la historia “oficial”. Ocupó un rol clave en dicha negación la denominada Generación del ‘80, y la impronta fuertemente positivista (en especial en su vertiente francesa e inglesa) que desempeñó un rol fundamental en la conformación del Estado-nación a fines del Siglo XIX. La disciplina histórica que para esta época se transformó en hegemónica (y que luego sería difundida a lo largo de décadas), negó por completo la presencia indígena en el devenir de la república. En este sentido, los autores antes citados, señalan: “(…) los historiadores enrolados en la tradición liberal positivista —fundadores de la historiografía académica argentina y expresión ideológica del proyecto dominante— cumplieron una eficiente labor al eliminar al indio de la historia nacional” (Mandrini y Ortelli, 1992:215).

En efecto, la historiografía de fines del siglo XIX y la mayor parte del XX, asignó a los pueblos indígenas un rol marginal, contribuyendo de esta manera con la supuesta desaparición de los grupos indígenas y negando su participación en la conformación y el desarrollo nacional. Como advirtió la reconocida historiadora Susana Bandieri en relación a tales concepciones, cuando los indígenas eran mencionados desde dichas lecturas eran reducidos a “(…) un capítulo introductorio y desvinculado del conjunto general” (2005:14). En este sentido, se estableció una división disciplinar donde los pueblos originarios eran patrimonio de estudio de la arqueología y la antropología pero no de la historia, concebida esta última como la “historia de la civilización”.

La invisibilización de los pueblos originarios por parte de la disciplina histórica comenzó a revertirse recién a fines de la década de 1990 y principios de los 2000, con la consolidación de la democracia y el desarrollo de diferentes equipos académicos, en especial entre las nuevas generaciones de investigadoras e investigadores que lograron modificar estas miradas.

 El presente libro se propone dar cuenta de la presencia indígena, con ejemplos y situaciones paradigmáticas a lo largo de la historia de nuestro país, y la vez, como hemos señalado, constituir un material de apoyo y lectura para un vasto público.

Uno de los aspectos que queremos poner de manifiesto aquí es que podemos encontrar una nutrida bibliografía que hace referencia al triunfo del Estado en el enfrentamiento con los pueblos indígenas. No obstante, poco se habla sobre la resistencia de estos últimos y las diferentes estrategias de supervivencia que fueron diseñando a lo largo de los años.

En esta obra, nos proponemos también ahondar en estos aspectos desconocidos, de los cuales hay escasa información en formatos de difusión. Un ejemplo, es el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en contra del Estado argentino a favor de la Asociación Indígena “Laha Honhat” de la provincia de Salta (entre muchos posibles).

En este sentido, quisiéramos señalar que las y los autores de este escrito somos antropólogas y antropólogos dedicados hace muchos años a la cuestión indígena. Para abordar los diferentes períodos, empleamos materiales recabados durante el trabajo etnográfico como entrevistas y talleres de memoria. Además, nos servimos de algunos presupuestos metodológicos de la disciplina histórica, como el análisis de fuentes documentales, que enriquecen la interpretación de los fenómenos estudiados.

Como anticipamos, el contenido de este libro inicia en 1940 pero destacamos como hito 1945 porque es en este periodo que la Argentina se incorpora oficialmente como Estado miembro del Instituto Indigenista Interamericano. Lo hemos establecido así puesto que tal adhesión fue una referencia en la cuestión indígena e implicó el reconocimiento oficial de la presencia de población indígena en Argentina, diferenciándose de las políticas llevadas a cabo en los periodos anteriores.

A continuación, detallamos cómo se presenta y estructura cada capítulo. Desde 1940 a 2020, dedicamos un capítulo por decenio con un total de 9 capítulos. Al final, el escrito cuenta con una “Sección Temática” que, si bien no responde a una secuencia temporal, tiene un anclaje cronológico y una temática específica. Nos referimos a ocho temas puntuales que serán tratados aquí:

a · El caso del pueblo ranquel en La Pampa y su relación de comunidades con el patrimonio arqueológico y la recuperación y valorización de su pasado.

 b · La declaración de la emergencia socio-sanitaria en la región del chaco salteño en 2020 a partir de la muerte de niños y niñas wichi y guaraní.

c · El pueblo mapuche y el prejuicio que suele primar donde se lo asocia como “externo” a la conformación nacional y la perduración de estas ideas hasta nuestros días.

 d · El fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en contra del Estado argentino a favor de la Asociación Indígena Laha Honhat del departamento Rivadavia de la provincia de Salta, en los primeros meses de 2020.

e · La conmemoración del 5 de Septiembre por el día de la mujer originaria, sus luchas y reclamos.

f · La organización Nate’elpi Nsoquiaxanaxanapi (“Madres Cuidadoras de la Cultura Qom”) de mujeres indígenas qom que habitan los parajes rurales que rodean a Pampa del Indio, Chaco.

 g · La construcción colectiva de mujeres wichí contra la violencia sexual: La “Primera Asamblea General de Mujeres Indígenas de la Ruta N° 81” en el Chaco salteño.

h · En el último apartado, analizaremos la situación actual de los pueblos originarios, atendiendo a la complejidad del contexto. Por un lado, abordaremos los avances en el reconocimiento a través de diferentes legislaciones y, por otro lado, los desafíos pendientes como el incumplimiento de las normativas vigentes, la estigmatización, la criminalización, la conflictividad y la mediatización de los conflictos en diversos ámbitos del país.

Quisiéramos destacar que la selección de los aspectos abordados en esta sección temática responde a problemáticas que son trabajadas hace tiempo por las y los autores de esta publicación. A la vez buscamos que hubiera problemáticas representativas de las diferentes regiones del país y emblemáticas de algunos de los temas más relevantes en torno a la cuestión indígena. Desde ya, entendemos que esta elección no agota la diversidad de temas que podrían ser tratados, algunos de los cuales serán planteados en futuras publicaciones. En relación con los contenidos y lenguaje de esta obra, deseamos señalar que hemos consultado a docentes de diversos colegios secundarios.

En una tercera parte del libro adjuntamos una serie de apartados de cada una de las comunidades con las que trabajamos y que han avalado el proyecto UBANEX, uno de cuyos resultados es este libro.

Como una última reflexión deseamos señalar que hace más de una década señalamos, y hoy afirmamos que es más vigente que nunca, que “(…) procuramos efectuar un aporte a una ‘nueva Historia’ que incluya [a los pueblos indígenas] como parte fundamental de la región, donde este no sea un ‘relicto’ o un ‘resabio’ del pasado —o una ‘anomalía’ en el presente—” (Valverde et al., 2013:18). Buscamos construir una historia “(…) que incluya a los sujetos tradicionalmente invisibilizados y presentados en forma estigmatizante por la historia tradicional —que, como sabemos, fue funcional y cómplice del genocidio—” (2013:18). En este recorrido no solo estamos recuperando el pasado y el presente, sino también pensando en el porvenir. Porque es un camino para encontrar nuestra propia identidad. Citando a los autores que han inspirado estos pensamientos y han influenciado en el escrito de esta obra: “(…) estamos convencidos de que es en la historia, en el propio pasado, donde encontraremos las explicaciones que en nuestra realidad presente nos demanda” (Mandrini y Ortelli, 1992: 216). Lo cual adquiere particular sentido en el contexto actual de conflictividad y expansión de políticas neoliberales que, sin dudas, acrecientan la desigualdad, la conflictividad y la estigmatización hacia los pueblos indígenas y otros sectores sociales.

Es nuestro humilde anhelo que esta obra contribuya a construir un futuro más digno y más justo donde los pueblos originarios -junto con otros grupos socioeconómicos y culturales- sean parte de la historia de nuestro país.


3 -Proyecto de Investigación Plurianual del CONICET - Convocatoria 2021-2023, código COD11220200100377CO “Pueblos indígenas en las áreas Pampeano-patagónicas y en la Región Metropolitana de Buenos Aires: Reconfiguraciones socioeconómicas, políticas públicas y participación etnopolítica. Territorialización y articulación academia-sociedad” Director Dr. Sebastián Valverde. IF 2021-85081432-APN-DCP#- CONICET. 

4 -Proyecto de Investigación de la programación UBACYT (2023-2025): “Pueblos originarios, pequeños productores, Fronteras y valorización territorial. Un estudio comparativo en las regiones Norpatagónica, Quebrada de Humahuaca y Chaco Salteño”. Cod. 20020220300099BA. “Categoría: Proyectos Consolidados” (2023-2025). Director: Dr. Sebastián Valverde. 

5 -Depende de la Organización de Estados Americanos (OEA). 

6 -Consideramos a la generación del 80’ como la élite que gobernó la Argentina entre 1880 y 1916, de ideología liberal basados en las ideas positivistas (muy en boga por aquel entonces) de orden y progreso, promoviendo la modernización, la educación laica, la inmigración principalmente de población europea, y en términos económicos el modelo agroexportador. Se considera el final de esta etapa con la llegada a la presidencia de Hipolito Yirigoyen (1916).

7 -Este concepto, fue sugerido por Jean Malaurie en 1968 a Robert Jaulin, y luego retomado por diferentes autores para reemplazar la expresión de “genocidio cultural”.


Notas Destacadas