Argentina, tierra ocupada/ Noemí Labrune: Buscados. Represores del Alto Valle y Neuquén. Neuquén. 2005
1.
Argentina, tierra ocupada
El 29 de marzo de 1976, los militares
hablan completado su asalto al poder. La tropa habla vuelto a los cuarteles;
los tanques, esta vez, ni siquiera asomaron su nariz. El arma de Inteligencia
-con el apoyo de las fuerzas de Seguridad- se hada cargo, con suficiencia, de
consumar la cacería humana. Tenían años por delante.
Una jauría sigilosa, arrasando un pueblo
atónito, afónico, como fulminado. Las versiones para exportación lo pintaron
como un asalto perpetrado con tecnología de avanzada, sin truculencias propias
de republiquetas bananeras. En suma, un golpe incruento. Sin embargo, desde el
primer día -desde las vísperas inclusive-, lágrimas y sangre desfiguraban el
rostro profundo de la sociedad, crispado por el terror.
El Proceso de Reorganización Nacional
reinaba sobre dos países. A plena luz, la Argentina de los victimarios,
militares y civiles; de sus comparsas. De aquellos que impugnan el "vacío
de poder", pero no el poder con botas y charreteras; esos que ante un
secuestro se preguntaban: "¿en qué andarían?" y se respondían:
"por algo será". Y también aquellos otros que se enteraron recién
cuando vieron por T.V. el "'Juicio a los Comandantes" (1),
nueve años después.
Envuelta en brumas y niebla la otra
Argentina, de los prisioneros clandestinos, de los condenados sin juicio, de
los muertos sin sepultura. Dos países con dos historias, y en ese momento, en
los medios de comunicación masiva, sólo una voz, la del amo:
"Para nosotros, el respeto de
los derechos humanos surge no solamente de la observancia de la ley y de las
declaraciones internacionales, sino de nuestra profunda y cristiana convicción
de la superior dignidad del hombre, como valor fundamental. Es precisamente
para asegurar la adecuada protección de los derechos naturales del hombre, que
estamos asumiendo el pleno ejercicio de la Autoridad, no para ver conculcada la
libertad, sino para fortalecerla; no para tergiversar la justicia, sino para
imponerla." (2)
Cinco meses antes, el 24 de octubre de
1975, el mismo VIDELA, en el curso de una reunión de Ejércitos Americanos
mantenida en Montevideo, se ocupó de definir cuál seria, en términos militares,
y no ya propagandísticos, la otra cara de la historia:
"Si es preciso, en la Argentina
deberán morir todas las personas que sea necesario para asegurar la Seguridad
del país." (3) Y ese 29 de marzo de 1976, Neuquén capital y varias
ciudades del Alto Valle del Río Negro acababan de superar el primer
rastrillaje, iniciado en la noche del 23.
Militantes populares, legisladores oficialistas
y de la oposición, funcionarios de los gobiernos provinciales y municipales,
como si los hubieran seleccionado por muestreo, tuvieron sus casas allanadas, a
menudo con violencia. Muchos fueron arreados hasta las comisarías, para esperar
la orden de detención a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y el traslado
a unidades penitenciarias de la zona.
Desde el primer día, sólo una discreta
presencia militar en las calles; las fuerzas de ocupación se desplegaban sin
estridencias, para entronizar a los interventores, en cada uno de los puestos
estratégicos del aparato estatal.
A partir de la caída del sol, los
operativos. Conscriptos tiesos de asombro para rodear las viviendas; policías
provinciales para allanarlas. Esos mismos que cada uno reconocía por haberlos
visto detrás del mostrador de la comisaría, o repartiendo citaciones en
bicicleta. En sus nuevas funciones lucían ojeras de trasnochados y usaban
modales hasta entonces reservados para con los rateritos de los barrios
marginales.
Algunos ocultaban su propio miedo tras la
prepotencia. Otros procuraban exhibir marcial reciedumbre a los ojos del
responsable militar del OPERATIVO CONJUNTO, pero disimularla ante la familia
victima del allanamiento. Pasado este "golpe" -como también pasó el
anterior-, seguirían viviendo unos y otros, en la misma ciudad. Más de uno
parecía aliviarse cuando, subido sobre el mejor sillón, con botas
reglamentarias y armamento completo, dedicado a hurgar en el estante de más
arriba, podía explicarle por lo bajo a la quejosa dueña de casa:
"Disculpe, doña, hace tres días que no duermo, ya ni sé dónde pongo el
pie". Era evidente que tampoco sabían qué cosas buscar.
En
cualquier momento, la voz de la Superioridad saliendo de un walkie talkie:
"Informe, sargento, informe". "Negativo, mi teniente,
negativo".
Estacionado en un Peugeot 404, o en un Fiat
125, a falta de un buen Falcon, el teniente fumaba mientras supervisaba ese y
otros allanamientos, en domicilios cercanos.
Por fin, en medio de un desparramo de
libros tirados, cuadernos y libretitas destripadas, álbumes de fotos que el
sargento apartaba "para revisar en el Comando", armaban una caja con
el material sospechoso incluyendo facturas vencidas y anejas cartas de amor-, y
aparecía la Superioridad para la inspección final. Podía ser el teniente 1ro.
Gustavo VITTON, a cargo de la comisaría de Cipolletti, o el teniente 1ro.
Carlos CHIZZINI MELO a cargo de los operativos anti-subversivos con asiento en
la Unidad Regional II de la Policía, en General Roca. O algún otro, en alguna
otra ciudad del Valle. A menudo labraba un acta consignando el material
retirado, que el dueño de casa debía firmar, pero sin tener derecho a conservar
copia.
Después todos partían, con o sin dueño de
casa. Limpias las manos del oficial del Ejército, pero no siempre vacíos los
bolsillos del sargento. Falta saber si tenían parte alguna en el botín los
parientes pobres: los policías de la Provincia, tratados siempre como los
últimos orejones del tarro. No en todos los operativos, sin embargo, tenía
cabida mano de obra no calificada, y no todos los blancos eran iguales. Los
había de especial calidad. Estaban entonces a cargo de hombres de la Policía
Federal. Si su jefe, el comisario Jorge Ramón GONZALEZ, alias "EL
PERRO", se encontraba demasiado ocupado dirigiendo interrogatorios
especializados en el sótano de su Delegación, calle Rioja al 100 de Neuquén
Capital, eran capitaneados por el legendario Raúl GUGLIELMINETTI. Como éste,
del que fue víctima un dirigente comunista de la ciudad de Cipolletti.
"El 24 de marzo de 1976, a las
dos de la madrugada aproximadamente, irrumpieron en mi domicilio, ubicado en
calle Tte. Ibáñez 845 de Cipolletti, un grupo de unas seis personas, que habían
llegado en dos automóviles. Derrumbaron la verja, destruyeron el portero eléctrico
y, mediante un fuego nutrido, también la puerta posterior de acceso a la
vivienda. Los impactos de bala perforaron el lavarropas y otros muebles y
enseres. Amenazaron de muerte a la empleada, encerrándola en una pieza ubicada
en los fondos del inmueble. En la planta alta destruyeron las puertas; en la
planta baja destruyeron numerosos objetos de arte, entre ellos un cuadro
original de Castagnino, dedicado por su autor... rompieron cristales y loza, y
se dedicaron a saquear bienes y enseres de todo tipo, que cargaron en los
automóviles. Se apropiaron también de gran cantidad de carpetas con
documentación referida a la economía regional y nacional, temas a cuyo estudio
me dedico. El procedimiento fue presenciado por un agente de la policía
provincial desde su vivienda, ubicada frente a la mía, quien afirmó luego que
su primera intención había sido intervenir con su arma reglamentaria, contra
quienes creyó eran asaltantes, desistiendo de esa actitud al darse cuenta que
los protagonistas pertenecían a las Fuerzas de Seguridad... La incursión del
grupo armado duró hasta el amanecer, sin que aparecieran fuerzas policiales o
militares uniformadas, pese a haberse efectuado más de setenta disparos, de
armas largas y cortas... La denuncia fue radicada oportunamente por mi esposa
en la comisaría local. Fue atendida por el teniente VITTON, quien dijo estar a
cargo de la comisaría." (4)
Un ex conscripto del Batallón de Ingenieros
de Construcciones 181 (BING 181) que había revistado en la Compañía
"B", a cargo de los "operativos anti-subversivos" en el
Alto Valle de Río Negro, fue uno de los primeros ciudadanos en formular
espontáneamente su testimonio ante la Comisión de Derechos Humanos de esa
provincia, con datos que permitieron orientar la investigación judicial, y que
coinciden con los aportados por las víctimas.
González: El tte. 1° VITTON, el capitán
LACAVA, el tte. Héctor Alberto RUSSO eran los que dirigían los operativos.
"Preguntado para que diga si él participó de alguno de los operativos.
González: que la instrucción que habían recibido era precisamente para combatir
la subversión, de manera que cuando salían de operativos tenían que cumplir con
esas indicaciones. Que participó de allanamientos, rastrillajes, una pesquisa
en un tren que se detuvo a la altura de canal 5… Preguntado para que diga si
intervino en algún allanamiento que pueda precisar con mayores detalles.
González: que en una oportunidad, en los altos de Neuquén, fueron a la casa de
un señor Argüello, adonde destrozaron todo, sin poder encontrar nada, porque se
trataba de una reunión de mujeres para vender "Tappers".
Preguntado para que diga en qué
consistían las tareas que se les encomendaban en esos operativos.
González: fundamentalmente eran de
vigilancia, para permitir que los oficiales que ingresaban al domicilio
cumplieran su cometido. Que en las oportunidades en que los conscriptos
ingresaron a algún domicilio, concretamente no sabían lo que estaban buscando.
Preguntado para que diga si en alguna oportunidad se hubiesen llevado algo de
las casas donde entraban. González: que si, que lo sabe por haberlo visto. Que
recuerda el caso de un cabo 1° que había robado un proyector de películas, que
todos consideraban que era el botín, y con derecho a guardarse lo que fuera:
así se hubieran encontrado con un reloj, buscando libros. Recuerda de un
procedimiento grande en Balsa de las Perlas, en donde se llevaron gran cantidad
de cosas". (5) "Que el día 24 de marzo de 1976, siendo
aproximadamente las 9,30 horas golpean la puerta de su domicilio en el centro
de Neuquén Capital personal de civil, que ante la demora mínima en atender
derriban parcialmente la puerta. Acto seguido, el declarante abre la puerta con
su llave, ingresando gente de civil armada, al mando de un señor Raúl
GUGLIELMINETTI, que era un funcionario del Rectorado de la Universidad, donde
el dicente trabajaba... Es conducido hasta la Delegación de la Policía Federal,
donde hay varias personas aparentemente detenidas, por lo cual el nombrado
GUGLIELMINETTI me toma en forma de abrazo, tratando de taparme la visual. Soy
conducido por un pasillo, a los fondos del edificio, donde hay una escalera que
baja a un sótano… Durante el interrogatorio estaban frente a mi GUGLIELMINETTI
y el comisario al que apodaban "EL PERRO", y ambos junto con otras
personas me interrogaban y me golpeaban." (6)
Notas:
(1)
El 18 de diciembre de 1983 el Presidente
Raúl Alfonsín dictó el Decreto N° 158 en virtud del cual se dispuso el
sometimiento a juicio ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas -CSFA-, el
máximo tribunal militar, de todos los integrantes de las tres primeras juntas
militares que gobernaron entre 1976 y 1982, por los delitos cometidos por
personal militar y de las fuerzas de seguridad, a partir del 24 de marzo de
1976, en las operaciones emprendidas con el motivo alegado de reprimir la
subversión. Vencido el plazo acordado por la ley 23.049 -180 días más una
prórroga de 90-, para que el CSFA dictara sentencia, y tal como lo dispone
dicha ley, la Cámara Federal de Apelaciones de la Capital Federal avocó las
causas, es decir, solicitó la remisión de las mismas desde el Tribunal Militar,
el 4 de octubre de 1984. El juicio público oral se inició ante las cámaras de
televisión, numeroso público e invitados especiales, el 22 de abril de 1985 y
concluyó con el veredicto de la Cámara el 9 de diciembre de 1985.
La
acusación estuvo a cargo del Fiscal Julio Strassera, en representación de la
Sociedad y de los particulares damnificados. Los nueve reos fueron asistidos
por varios equipos de abogados, una veintena en total. En el curso de las
audiencias públicas, se examinó a más de 800 testigos, la mayoría de ellos
testigos de cargo, y se convocó a numerosos peritos. La Cámara condenó a
prisión perpetua a Videla y Massera, absolvió a Galtieri, Grafigna, Anaya y
Lami Dozo, y aplicó penas que van de 17 a cuatro años a.Viola, Agosti y
Lambruschini.
(2)
Diario "Clarín" del 27.03.1976.
(3)
Diario "Clarín" del 25.10.1975.
(4)
Testimonio de Francisco Tropeano. Expte.
61/86 C.F.B.B.
(5)
Declaración testimonial de Héctor Eduardo
GONZALEZ en expte. 63/86 C.F.B.B., fs. 46 y sig. y expte. 70/86 fs. 65 C.F.B.B.
(6)
Declaración testimonial de Orlando Balbo,
expte. 53/86 C.F.B.B.
Noemí Labrune: Buscados. Represores del Alto Valle y Neuquén. Neuquén. 2005