«Los Videla van a misa» Pilar Calveiro

 



«Los Videla van a misa»

Pilar Calveiro

Esta foto muestra una cara imprescindible: la «normalidad» del terrorismo de Estado. Es 1983 y el General Videla va a misa de doce a la parroquia de San Martín de Tours, como todos los domingos. Él, su mujer y sus hijos forman una familia sonriente, correcta, almas «bellas» y «buenas», como lo sugiere la foto, que seguramente coincide con la imagen que los Videla tienen de sí mismos. Y con la de los feligreses, y con la de sus vecinos y con la de los medios de prensa que gustaban presentarlo como un hombre sobrio y correcto, y con… quién sabe cuántas más. Entre misa y misa, entre actos oficiales y vida cotidiana «honorable», aparecían, escondidos y ostensibles al mismo tiempo, cadáveres torturados, mutilados, asesinados. ¿Cuándo daba las órdenes el general Videla?, ¿los viernes o los lunes?, ¿antes o después de comulgar?, ¿se confesaba?, ¿qué penitencia le ponía el sacerdote?, ¿o tal vez el general, el cura, o ambos, considerarían que matar subversivos no era pecado?

Para 1983, ya todo pasó y ya nadie puede argüir que desconoce los secuestros, los asesinatos, las torturas pero, domingo tras domingo, el general recibe la bendición de la Iglesia Católica, como tantas otras «bendiciones» de distintos socios, camaradas, cómplices, beneficiarios, «buena gente». Esta «normalidad» es la otra cara del terrorismo de Estado, de hecho, la cara más visible durante los años del Proceso. El terror construye también esta «normalidad» y esta «bonhomía», sin la cual no se puede entender que muchos dentro de nuestra sociedad no quisieran o no pudieran ver. Estas imágenes fueron las que predominaron en los años setenta, las que hacían increíble lo evidente, las que los represores y buena parte de la sociedad incorporaron como «realidad»; por su parte, nos recuerdan que terror y «normalidad» no se excluyen, que los tiranos suelen ser buenos padres de familia —incluso aman a sus perros— y que es imprescindible des confiar de las almas que se proclaman públicamente como «buenas» y «bellas».

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