Susana Mujica/DESAPARECIDA

 


El 24 de marzo de 1976, un nuevo golpe de Estado derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón e instauró una Junta Militar, inaugurando el autodenominado 'Proceso de Reorganización Nacional'. Este periodo se distinguió, entre otras cosas, por la brutalidad de la represión política. Pilar Calveiro, en su libro Poder y desaparición: los campos de concentración en Argentina (2007), explica la planificación y ejecución del dispositivo de detención y exterminio que funcionó en todo el país.

Es importante señalar que, bajo la premisa de terminar con el 'caos' y la 'anarquía' de los gobiernos democráticos, los militares buscaron restablecer la 'moral cristiana y la tradición nacional'. Bajo este argumento, desataron una persecución criminal contra organizaciones gremiales y políticas para 'exterminar la subversión'. El resultado fue, como describe Labrune (2005), una jauría sigilosa arrasando a un pueblo atónito, creando una Argentina de 'prisioneros clandestinos, condenados sin juicio y muertos sin sepultura'.

En Argentina, el paradigma de los derechos humanos adquirió un papel destacado desde los inicios de la última dictadura militar (1976). Neuquén no fue la excepción: allí surgieron y se consolidaron organizaciones militantes de diversas procedencias ideológicas, políticas y sociales que transitaron el peligroso camino de la denuncia y la investigación de detenciones, desapariciones y crímenes cometidos, particularmente, en la Subzona 52.

Estas organizaciones (Madres, APDH y el Obispado de Neuquén bajo la figura de Jaime de Nevares), sumadas a los juicios de lesa humanidad llevados a cabo en la región durante los últimos años, han sido fundamentales para esclarecer las violaciones a los derechos humanos y exigir a represores y cómplices el paradero de las y los desaparecidos. En este sentido, la filial Neuquén y Alto Valle de las Madres de Plaza de Mayo se ha consolidado, a lo largo de sus cinco décadas de existencia, como el organismo de derechos humanos más importante de la Patagonia.

Un 14 de agosto del año 1980, en el marco de una acción colectiva, con una bandera que decía «Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, familiares de detenidos y desaparecidos» pedían JUSTICIA, reclamando y exigiendo la aparición con vida de los y las detenidas... «Los que estuvimos en ese momento, nos parecía la cosa más lógica salir a la calle. La APDH tiene desde su nacimiento una ley interna de salir a la calle, lo que se puede escribir, mandar por mail, teléfono, radio o televisión, no tiene el valor de los testimonios que surgen de nuestra recorrida por las calles y presentación en forma directa. Eso que ocurrió en plena dictadura, cuando salimos fue para decir está sucediendo esto, lo que se pueda hacer, hagámoslo», sostuvo hace unos años Noemí Labrune .

Lo que ocurrió ese 14 de agosto fue un “plantón”, no se trató de una marcha como las que habitualmente se realizan en la actualidad, afirman las y los protagonistas de ese hito histórico, un “plantón” que contó con Noemí Labrune, Oscar Ragni, Horacio Ventura, Lolín Rigoni y Flora Betancur de Seguel. También estuvieron ahí Inés Ragni, Betina y Cristian Labrune, Ricardo Ventura, Liliana Paredes, Aurelio y Rogelio Méndez, Toto y Ana Rigoni, Ana María Chaina, Patricia y Carlos Roca, Gloria Sánchez, Norma Luna, Alicia Cintas y Luis Velázquez.

Es decir, en este contexto histórico se fueron tejiendo los vínculos que dieron origen a la filial regional de las Madres. Sin lugar a dudas, un momento fundamental fue visita de Hebe de Bonafini en 1982, tras la cual Neuquén fue reconocida como la primera filial del país, formalizando una militancia colectiva que se había gestado desde los inicios de la Dictadura.

Para 1986, el grupo contaba con varias integrantes con mucho protagonismo, entre quienes destacaban ‘Lolín' Rigoni, Inés Ragni  (ambas fallecidas recientemente) y Josefa 'Beba' Mujica (fallecida en el año 2003). Vale la pena destacar que Beba Mujica formó parte del grupo fundador de catorce mujeres que iniciaron las rondas en la Plaza de Mayo en abril del año 1977. Beba Mujica, luchó incansablemente para encontrar con vida a su hija Susana Mujica, docente de la carrera de Servicio Social de la Universidad del Comahue, quien tenía 27 años cuando fue secuestrada el 9 de junio de 1976 en su casa en Neuquén por un "grupo de tareas" en una razzia. Recordamos  esa aciaga fecha del 9 de junio de 1976, cuando a la media tarde se presentaron policías vestidos de civil y con armas, quienes llamaron a la puerta de la casa de Beba identificándose como  integrantes la Policía Federal, preguntando por Susana, su hija. Entre las 20:00 y las 20:30 , Susana  llegó a su casa. Al ingresar, fue maniatada tras un forcejeo en el que le quitaron a su hije de los brazos. Susana Mujica fue trasladada desde su casa a la Delegación Neuquén de la PFA. Allí, Darío Altomaro escuchó cuando alguien dijo: “Aquí llegó Susanita”, al tiempo que la identificó por su voz diciendo a los captores: “No me empujen” o “No me toquen”. Ya entrada la noche, Altomaro, Alicia Villaverde, Susana Mujica, Lucio Espíndola y, muy posiblemente, Cecilia Vecchi fueron introducidos en una camioneta y cubiertos con una lona. Tras un tiempo de viaje, llegaron a un descampado e ingresaron a un inmueble cuya descripción coincide con el Centro Clandestino de Detención “La Escuelita” (CCD) de Neuquén, ubicado en cercanía al BIC 181 (al lado de lo que actualmente es el supermercado JUMBO).

El testimonio de Matilde Altomaro Mujica es un relato desgarrador que ilustra con claridad el impacto de la última dictadura cívico-eclesiástica-militar en Argentina, en este caso puntualmente en la norpatagonia: hija de Susana y de Darío quien reside en México declaro ante el Tribunal Oral Federal 1 de Neuquén (TOF).  Contó que su madre, docente de la carrera de Servicio Social en la Universidad Nacional del Comahue y militante de la agrupación política ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), y su padre, actor y director de teatro, fueron secuestrados el 9 de junio de 1976. “Mi mamá estaba en el médico sacándose los puntos de la cesárea cuando llegaron a la casa donde vivíamos seis personas de la Policía Federal fuertemente armados. La esperaron a mamá y cuando volvió, la secuestraron”, relató. Y agregó: “Yo tenía dos años y mi hermano Martín, apenas diez días de nacido, cuando se llevaron a mis padres. Mi hermano fue un sobreviviente porque nació a los siete meses del embarazo. De haber nacido en término, lo habría hecho en cautiverio”.

Matilde, hija de Susana y de Darío quien reside en México declaró ante el Tribunal Oral Federal 1 de Neuquén un 3 de marzo de 2021(TOF) Ahí contó además que su madre Susana era docente de la carrera de Servicio Social en la Universidad Nacional del Comahue y militante de la agrupación política ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), y su padre, actor y director de teatro, ambos fueron secuestrados el 9 de junio de 1976. “Mi mamá estaba en el médico sacándose los puntos de la cesárea cuando llegaron a la casa donde vivíamos seis personas de la Policía Federal fuertemente armados. La esperaron a mamá y cuando volvió, la secuestraron”, relató. Y agregó: “Yo tenía dos años y mi hermano Martín, apenas diez días de nacido, cuando se llevaron a mis padres. Mi hermano fue un sobreviviente porque nació a los siete meses del embarazo. De haber nacido en término, lo habría hecho en cautiverio”. Además, recuerda Matilde “que su abuela BEBA gritaba a los cuatro vientos que le faltaba una hija (Susana) y en esa búsqueda hablaba con quien tuviera que hablar.  Ella me enseñó a no claudicar.” A 50 años del Golpe del 76 Susana Mujica permanece desaparecida.

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