«Amigos» /Graciela Montes

 

«Amigos»

Graciela Montes

Dos imágenes (aunque me pidieron una): la primera de 1974, unos veinte meses antes del golpe; la otra de fines del '84 o comienzos del '85, en democracia. [ 30 ejercicios de memoria ] Juntándolas (y creo que tiene sentido juntarlas) habría que llamar a la composición «Amigos». La primera es Daniel Luaces. Tiene, en la foto, 23 años. Está sentado en su escritorio del Centro Editor de América Latina y revisa diapositivas para ilustrar alguna colección, Movimiento Obrero, o, más probablemente, Transformaciones. Si la foto la hubiesen tomado tres o cuatro meses después ya se lo vería con barba, y muy parecido al Che Guevara.

A la salida de un día de trabajo como el que aparece retratado aquí, Daniel, que cursa Psicología en Filosofía y Letras, va a la Sociedad de Arquitectos a votar un plebiscito estudiantil en contra de la «Misión Ottalagano». Ottalagano es interventor en la Universidad, Ivanissevich es el Ministro de Educación. Son los tiempos de López Rega y la Triple A. Esa noche Daniel no vuelve a la casa, tampoco llega al día siguiente a la editorial. A media mañana un periodista amigo de Crónica llama para decir que en un baldío de Soldati aparecieron varios cuerpos, jóvenes, fusilados. Pasamos esa tarde del 13 de diciembre de Dos imágenes, entonces. Entre el dolor (que no mitiga) y la sonrisa nueva. Entre amigos. 1974 sentados en el cordón de la vereda frente a la morgue -recuerdo muy bien esa triste reunión de amigos-, hasta que Boris Spivacow y el Negro Díaz salen a decir que sí, que es Daniel, nuestro Danielito Luaces. Lo enterramos al día siguiente en el cementerio de Avellaneda. Hicimos cientos de llamados, queríamos que todos supieran. Pero muchos tuvieron miedo de ir: el terror ya estaba instalado.

La segunda foto, la de tres chicos en un camino de tierra, es una foto feliz. Está tomada junto al campito que compraron y cuidaron amorosamente durante años Julio y Carmen, los abuelos de Antonio, el más alto de los tres. Los otros dos son mis hijos. Juntan hormigas y bichos bolita, se hacen chozas entre las cañas, se disfrazan, se pelean y vuelven a amigarse… En invierno juegan con el fuego. En verano gri tan «¡Marco!» y se zambullen en el tanque australiano justo en el momento en que los demás responden «¡Polo!». Antonio es hijo de José y de Electra, ambos secuestrados en mayo del '77, desaparecidos. Detrás de esta foto está, por lo tanto, el dolor. Pero lo que se ve aquí es la trama reconstruida, por eso se la puede llamar una foto feliz. Se ha vuelto a empezar, se ha reconquistado, laboriosamente, una alegría.

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