Desparaguayizar el guaraní.

Foto en el Parque Urquiza, Rosario, 2003



Desparaguayizar el guaraní

Celeste Rivérope guarã

 Peju, peju,

pejupaite.

Jajora ñane ñe'ē apytî.

Taipoty po pu ñanemba'éva.

Mborayhu ysapýpe.

jahypýi ñane ñe’ē,
tahoky,

topu’ã,

tojupi,

tokakuaa,

topave'ŷ

máramo añete.

 

Jaháke jaháke jaha.

Néike che irũ jaha.

Tohóke.

Toúke.

Tosēke.

Toikéke.

Toike

akói Paraguái ñe'ē:

Guarani guarani

guarani guarani,

guarani guarani

 

                                                                                                                                              Ramón Silva

No quisiera magnificar un problema cuya dimensión en la coyuntura actual es del todo menor pero sí considero útil señalarlo, visibilizarlo; últimamente me he dado cuenta que algunos activistas y académicos abocados al estudio de las lenguas indígenas, también del guaraní, queriendo congraciarse con las políticas “inclusivas” del Estado argentino, alientan y formatean (oñeha'ã hikuái) un modelo neutro del guaraní tendiente a desparaguayizar el guaraní criollo.

Como sabemos todos los que nos dedicamos de alguna manera a promocionar esta lengua, el guaraní es el idioma indigena más vital del continente americano. Su comunidad de hablantes puede no ser la mayor, quizás lo sea el kechwa runasimi, pero tiene entre 8 y 12 millones de hablantes y esa tendencia es creciente. Además de eso, y esto sí lo sabe poca gente aunque es una verdad de perogrullo, el guaraní es la segunda lengua más hablada de la Argentina después del español. Esta lengua tiene dos variedades diatópicas de un tronco común: el guaraní paraguayo y el correntino (ver Cerno 2013). Es entendible que haya políticas de fortalecimiento del guaraní correntino, dialecto de un territorio que forma parte del territorio nacional argentino, lengua que quedó muy debilitada por los procesos de migración interna de su población y la persecusión a sus hablantes por parte del Estado nacional durante muchos años (ver Gandulfo 2007). Pero la verdad es que la mayoría de los argentinos hablantes de guaraní no hablan esa variedad dialectal sino la del guaraní paraguayo: esto se debe al mayor volumen de la migración paraguaya que tiene muchas décadas (y una continuidad de siglos), a la mayor consciencia lingüística de esta colectividad y por último, debido al gran trabajo de normativización y literaturización que se realizó en ese país y el nuestro (por intelectuales del exilio paraguayo, como don Felix de Guarania y muchos otros).

Esto se ve en el gran interés que despierta hoy esta variedad, en los muchos interesados en aprender la lengua. Entre ellos están los que buscan reapropiarse de ella a partir de los rudimentos que les legaron sus ancestros y empezar a hablarlo con “corrección y estilo”; están, también, los extranjeros que aman su música, su prosodia, su fonética y literatura. Y entre los que la hablamos deficitaria aunque cotidianamente, a veces mejor que muchos paraguayos, unos cuantos nos estamos animando a escribir y traducir en ella. Así mismo, muchos profesores y estudiantes correntinos se están formando en el guaraní paraguayo y es importante que así sea porque la vitalidad de esta lengua reside en su mayor comunidad de hablantes. Es necesario entender que el guaraní que se habla en las provincias de Formosa y Misiones es el guaraní paraguayo y que en Chaco se hablan las dos variantes dialectales pero mayoritariamente el paraguayo.

Ahora, el problema tiene dos patas, no es solamente de la Argentina; a esta operación entendible pero lesiva se le suma la contraparte, la que ligada a ciertas políticas estatalistas del campo cultural paraguayo se aferra celosamente a la soberanía de la lengua. Este fenomeno va acompañado por el fracaso del modelo de enseñanza del guaraní en todos los niveles de la educación debido a ese guaraní neológico que trajo un aumento del monolingüismo en español en Asunción (ver Zarratea 2020).

Esta operación de disputas centra la identidad del idioma guaraní, tanto en Paraguay como en Argentina, en su carácter criollo, no indigena: una verdad que puede generar peligrosas falacias. Quiero decir, se asevera a boca de jarro, que el guaraní criollo no es indígena porque lo hablan mestizos, blancos y hasta extranjeros (ahí aparece velada la referencia al Tembélo puesto que hay quien dice que era el único idioma que podía hablar correctamente a pesar del Arí). También es la koyné de los indígenas, deberían saber. En el Chaco y aún en la zona oriental del Paraguay, los indigenas usan el guaraní como lengua puente con el Estado y la sociedad criolla, cuando no entre ellos mismos que hablan idiomas de familias distintas: guaykuru, mataguayo, samuco, maskoy, tupí-guaraní (ver Destéfanis 2024). Mientras tanto y como un “blanqueamiento” de la lengua en ambos países se ha dejado de llamarlo avañe'ē: la lengua del hombre [del indio] para decirle más escuetamente guaraní. Ajépa ijava hikuái.

Mucho se ha dicho al respecto, torsionando la realidad en sentido ideológico, citando de manera salvaje al Pa'i Melià que explica que el guaraní paraguayo fue “lengua española del Paraguay” por muchos siglos (1992). Sí, no es una boutade, efectivamente lo que intenta explicar el erudito paraguayo mallorquí es que el guaraní trascendió los límites de su sociabilidad comunitaria y se fue construyendo como lengua nacional y popular y que, como tal, perdió su carácter de lengua dominada, asumió la herida colonial. Uno de sus mejores libros, de los más políticistas, es Una nación dos culturas (1997). Pero (eh, eh, eh), una de cal y otra de arena (y esa no es la proporción indicada para construir firmemente, siempre es mejor tres y uno): los dispositivos colonialistas y neocolonialistas le dieron a las elites apátridas (aunque se digan muy “patchiotas”) la herramienta de dominación más efectiva para pasivizar la fuerza irradiadora de esta lengua dominante y dominada: la diglosia, la compartimentalización del uso, su situación de variante baja en eso que constituye el “bilingüismo paraguayo” actual, el mismo en que se forjó un ideologema nefasto, nacionalista, totalitario, racista y protocolorado: “la raza paraguaya” (ver Dominguez 2009).

Entre mis veleidades y preocupaciones hace un tiempo está el estudio de la lengua y la “literatura paraguaya de expresión guaraní” (Lustig 1997). En esta tarea he aprendido mucho de los oralitores familiares, mi tío Kambalóre, Roquiño, tío Rodolfo, mi papá, y comunitarios, todos mis amigos de la comarca laureleña-cerritana del Ñeembucú, mi segundo valle, el útero de tierra de mi familia. También lo hice de mis compañeros en la construcción, de mis tíos en la talla, en el terere jere, de los poetas y narradores paraguayos, de los indígenas guaraníes a los que conocí de la mano de mi querido amigo Zenón Bogado Rolón, fallecido allá por el año 2005, de mi gran compañero Tomás Zayas Roa, dirigente campesino del Alto Paraná. Pero también he aprendido de los eruditos, estudiosos y estudiantes paraguayos y extranjeros: de Cadogan, el gran maestro, de Melià a quien quise y admiré como jamás quise ni admiré a ningún compañero marxista siendo él un sacerdote y siendo yo un militante trotskista, de Carlos Martínez Gamba a quien no conocí más que por sus libros, de Ramiro Domínguez, de Wolf Lustig, de Miguelangel Meza, de Susy Delgado, del querido profesor yanqui recientemente fallecido Tracy Lewis, de Lucas Palacios, profesor de guaraní correntino con quien trabé una pequeña amistad en Rosario, de Camba Lacour a quien escuché una vez en una entrevista radial y me flasheó, de Cesar, el marido de mi prima Capeti, hablante de guaraní correntino, del finado Cuchito, otro hablante de guaraní del Taragui, de Damián Alegre, alias Chaco, criollo nacido en Saenz Peña, hablante fluido de guaraní paraguayo, uno de los actores principales de mi libro Diario de un albañil (2021), de Kambálo y Cariñito, dos peones de albañil del plantel de trabajadores de mi padre, guaraniseros, todos vecinos míos de Villa Gobernador Gálvez.

Todo esto quiero que tenga un valor instrumental. Soy testigo vital de la interacción entre hablantes de guaraní paraguayo y correntino. Ese diálogo está en mis genes, en mi cultura. Mi abuelo era kurepi (que hay quien no sabe que kurepi se le decía a los correntinos y que el mote se lo pusimos los pilarenses en tiempos de la dictadura de Francia y de ahí pasó a ser nominación de lo argentino durante la Guerra Guasu). Decía que mi abuelo fue kurepa guaranisero hasta el último día de su vida, la mitad de los hermanos de mi papá son de Itatí. Dicen que mi bisabuela Dominica Ledesma, mulata nacida en Goya a fines del siglo XIX, era correntina y guaraniparlante. Lo que hace al guaraní todavía indigena es su cosmovisión y sus mitos no el genotipo de sus hablantes. Muchos de los mitos cosmogónicos viajan escondidos en nuestras palabras percudidas y adecuadas al lenguaje de esta posmodernidad periférica. Cuando Melià quería explicar a los estacioneros del via crucis decía: acaso no son ellos los “cantores”, los oporaívas, de la religiosidad paraguaya? O veamos también otros ejemplos: cuando un marxista ortodoxo como fue Oscar Creydt que no hablaba ni quiso aprender guaraní en toda su vida “dice” que la chacra guaraní hispanizada es la formación social que hizo posible la nacionalidad paraguaya (ver Creydt 2007), ¿no es acaso que estamos hablando de las bases de la lengua guaraní? Yo lo escucho a Creydt decir: “Teko'a'ŷva ndaipóri teko”. Ñande reko le dicen los indigenas guaraníes a sus normas y pautas identitarias. Sin territorio no hay vida. Para nosotros ese ñande reko deviene teko paraguái. Teko paraguái que vive inclusive en esos tipejxs que defenestran los valores de nuestra cultura “por ser demasiado valle”.

En fin, no quiero extenderme más de lo debido. La cuestión pasa por recuperar para el guaraní el carácter fundamental de lengua de los avá, de lengua de la contracultura original para enfrentar, por un lado, a la cultura de los pytagua, de los karai, de los jurua, de los chuchis, de los ñembotavy y de los tavyrai partida que piensan que seríamos algo mejor como pueblo sin nuestra lengua. Y por otro lado, para no dejar que la folclorización y minorización de la lengua triunfe en la Argentina, donde millones de guaraniparlantes no tenemos derechos como hablantes de guaraní paraguayo porque esta no es considerada siquiera como lengua indígena, quedando por fuera de la protección del Estado. El guaraní es una lengua trasterrada, el exilio paraguayo la hizo trasnacional, no solamente los pueblos guaraníes preexistentes a los estados nacionales. Desparaguayizar el guaraní es una práctica racista y xenófoba. Es la segunda lengua de este país, como en algún momento, muy corto, lo fue el italiano. Y fue la lengua en que se habló primeramente en la ciudad de Buenos Aires: la lengua en la que el primer porteño dijo mamá. Eso le dije a un señor argentino molesto por un poema mío. CHESY he'ivaekue umi kurepi guenosáiregua ypykue. Ha nandegustáiro tereho embojahu pira mba'e.


Mario Castells 

 

Referencias:

Castells, M. (2021) Diario de un albañil, Córdoba: Caballo Negro.

Cerno, L. (2013) El guaraní correntino: Gramatica, Fonología, Textos.
Frankfurt am Main, Berlín, Berna, Bruselas, Nueva York, Oxford, Viena: Peter Lang.

Creydt, O. (2007) Formación social de la Nación paraguaya. Asunción: Servilibro.

Destéfanis, L. (2024) “Idioma y territorio en las narrativas del Gran Chaco: el archivo invisible de los matacos”, en Cuadernos LIRICO; Vincennes - Saint Denis: 2024

Dominguez, M. (2009) El alma de la raza. Asunción: Servilibro.

Gandulfo, C. (2007) Entiendo pero no hablo. El guaraní acorrentinado en una escuela rural: usos y significados. Buenos Aires: Antropofagia.

Lustig, W. (1997) “Ñande reko y modernidad. Hacia una nueva poesía en guaraní”, en Méndez-Faith, Teresa Poesía paraguaya de ayer y de hoy. Tomo II: Guaraní – español. Asunción: Intercontinental.

Melià, B. (1992) El guaraní conquistado y reducido. Ensayos de etnohistoria. Asunción, CEPAG- CEADUC.

--- (1997) Una nación, dos culturas. Asunción, CEPAG,

Silva, R. (1985) Tangara tangara. Asunción: Ediciones Poesía Taller.

Zarratea, T. (2020) “Se debe dejar de enseñar ese guaraní artificioso de palabras inventadas”, en ABC Color, Asunción, 12/09/2020

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